22|MAYO|2015
#1
ISSN: 2362-3918

"El pase: algunas luces, algunas sombras desde la ultimísima enseñanza de Lacan" *
Aníbal Leserre

Agradezco al Directorio la oportunidad de participar en esta noche sobre una cuestión central de Escuela.

Me he permitido enfocar los rudimentos que voy a plantear desde una óptica un poco diferente al título de la noche, invirtiendo la formulación: "El pase: algunas luces y algunas sombras desde la ultimísima enseñanza de Lacan". Perspectiva que se me armó luego de la invitación de Silvia Baudini, ya que después de su llamado fui al curso de Jacques-Alain Miller, El ultimísimo Lacan.[1] Confieso que solo había leído un par de capítulos. No comencé su lectura desde el principio, empecé por el capítulo III, "Historización"; luego fui al capítulo XII, "Períodos de la enseñanzade Lacan" para pasar, en tercer lugar, al sexto, "El reverso del pase".

En este primer recorrido, la primera sombra que se me planteó fue cómo situar el término "reverso", ya que implica revés, la cara opuesta. El reverso del pase, entonces, a la luz de la ultimísima enseñanza, ¿nos lleva a considerarlo como opuesto al de la "Proposición…"?, ¿al pase de su última enseñanza?, ¿al que hoy practicamos? Ubicando el reverso en el extremo, las sucesivas trasformaciones en Lacan ¿conducen al no-pase? No lo creo ni lo sostengo pero hay que demostrarlo, más bien pienso el reverso del pase como el pase de lo imposible.

Considerar el pase, entonces, implica lo que sostiene J.-A. Miller en su curso: "Lacan sugiere que el pase es un esfuerzo parecido…" ‒al que Lacan hace con la topología para avanzar en la oscuridad‒ "…a saber, un esfuerzo por encontrar su camino en la oscuridad, entre sí, es decir, entre saberes, pero de esos saberes que no hablan".[2] Este avanzar implica revisar nuestra ideología del testimonio como también ubicar la tensión, incluso la contradicción, entre el tanteo en la oscuridad respecto a en qué consiste el análisis o el fin de análisis y la exigencia del testimonio, la exigencia de que se hable, de que se hystorice.

Mi recorrido, después de la matriz inicial de esos tres capítulos, continuó a través de varias oposiciones que se encuentran en este curso:

  1. Inc. Real - Inc. Transferencial
  2. Sentido - Real
  3. Semblante - Real
  4. Verdad - Real
    Imposible
  5. Práctica // Real sentido
  6. Práctica - Perspectiva
  7. Otro - Uno

Si tomamos la primera oposición, inconciente real-inconciente transferencial, tenemos un pase orientado desde lo transferencial a lo real, el pase bis:[3] un tercer elemento a condición de orientarlo desde lo transferencial a lo real, pase como salida del inconciente transferencial, quedando la liquidación de la transferencia en relación al analista y no al psicoanálisis. Entonces, el pase bis sería una conexión entre el inconciente real y la causa analítica, y tiene una orientación inversa al pase "tradicional", que es del inconciente real al transferencial. J.-A. Miller sostiene que el pase bis es una transferencia con el psicoanálisis. Esto no nos trae demasiada oscuridad y se encuadra en la línea del pase bis como la hystorización del propio análisis.

Ahora bien, la cuestión está en si consideramos al pase bis como el pase del Uno solo: ¿sería un pase silencioso? o, más bien, ¿un pase solitario? Esto se encuadra en la idea de que a cada uno le toca reinventar el psicoanálisis: reinventarlo en el testimonio dado a los pasadores, reinventarlo en la idea de que se transmite el saber alcanzado sobre el inconciente real. Esta cuestión la encuentro en el curso mismo, en donde J.-A. Miller toma la idea de Lacan de que él no dejaba de hacer el pase, es decir, no dejaba de volver a empezarlo bajo el principio de que "siempre hay que volver a empezar".[4] "Volver a empezar" sería en esta línea una prueba de verdad,[5] pero en el sentido de la verdad como espejismo. Por lo tanto, no se trata de un testimonio que diga lo verdadero sobre lo verdadero, sino que ubique la satisfacción alcanzada: el mostrar cómo se las arregló con su sinthoma para obtener satisfacción del mismo. Entonces, el pase no demuestra sino muestra, ya que se juega el estilo solitario alcanzado en el análisis por el ser hablante. Sería la ficción del Uno solo,[6] que decide intentar trasmitirlo a los otros.

Esto último está en consonancia con la cuarta oposición: verdad <> real (imposible),[7] ya que entre la verdad y lo real está lo imposible en tanto límite y conexión a la vez. Del lado de la palabra, nos encontramos con lo real bajo la forma de lo imposible de decir y el testimonio no escapa a esta lógica, pero ubicar lo imposible no implica pensar que el pase sea imposible.[8] A mi entender, lo imposible muestra que el testimonio, el pase mismo, tiene también cierta dimensión de semblante y que pone en juego una hystorización para el Otro transferencial (la Escuela). Simplemente sostengo que el pase no demuestra lo real sino que lo muestra ya que la ausencia del Otro del Otro constituye, si se quiere, un agujero en lo real. No hay Otro definitivo, no hay palabra última y definitiva. Entonces, el Otro verificador (el cartel del pase, por ejemplo) no es un Otro definitivo, sí definitorio, y los testimonios no son tampoco una última palabra, sino un punto de detención.[9] En esta línea, me atrevo a formular al pase en la ultimísima enseñanza como un prescindir del Otro pero a condición de servirse de él, de utilizarlo. Un servirse desde el Uno.[10] Y, entonces, considero el testimonio de un pasante como una fixión (pasaje de la ficción del Uno solo a la fixión) que no solo tiene que convencer a los pasadores y al cartel sino también a la comunidad, que supone saber lo que es un pase logrado. Las fixiones que convencen lo hacen porque transmiten en acto un efecto de verdad en relación a un producto de lo real. El testimonio fixión es un invento del hacer con los trozos de real, es la manera que tiene el AE de tratar un problema del orden del hacer. Testimonio que no se recuesta en la demostración sino en lo que muestra, un ethos.[11] Fixión del lado del mostrar y no de la demostración. En este sentido, tomo a la fixión como un hacer y no como un decir, aunque se transmita por palabras, pero con las características de lo escrito.[12] Un saber que no se apoya en el arte retórico del bien decir, sino en la construcción de un arreglárselas con los trozos de real que quedaron como "restos".[13] Fixión que nos muestra una reconfiguración del goce y la nueva alianza alcanzada entre la verdad y el goce: la varité (verdad variable). No es la ficción de la novela familiar, por ejemplo; es un testimonio que refleja el arreglárselas con el goce, no un efecto del goce; cuando se plantea desde la perspectiva del sinthome, el goce aparece bajo otra luz. Se trata de presentar la satisfacción que se ha logrado extraer del modo de gozar.[14]

Pero, en este juego de luces y sombras, aparece la propuesta de Lacan de que una vez terminado el análisis, se realice un contrapsicoanálisis.[15] Esto produce un temblor en el pase que es tratado en la diferencia pase del parlêtre[16]-pase del sujeto[17]. Y, con la mirada de J.-A. Miller puesta en la frase de Lacan: "Lo ideal sería en suma acabar con lo simbólico" a la que luego agrega: "Dicho de otro modo, no decir nada",[18] esta enseñanza va naturalmente hacia el silencio. Y lo encuadro en la oposición entre el Otro y el Uno.[19] El Uno ligado a lo real y el Otro, al sentido. Y en esta oposición es posible ubicar el pase silencioso pero diferenciando el silencio del Otro del silencio del Uno, que sería el residuo de la desconexión S1//S2 y que sirve como recurso en el acceso a lo real. Pero, la cuestión se complica tomando lo que dice Lacan: "La idea que solo es real lo que excluye todo tipo de sentido es exactamente lo contrario de nuestra práctica…",[20] lo que se ubica en la oposición entre práctica y real sentido.

J.-A. Miller confiesa que hay algo desesperante en el recorrido de esta ultimísima enseñanza de Lacan. Su manera de tratarlo es la construcción de las antinomias señaladas. Perspectiva // práctica nos lleva a considerar que el psicoanálisis tiene como perspectiva, como horizonte, lo real en tanto separado del semblante. Lo cual podemos trasladar a nuestro tema bajo la siguiente pregunta: ¿en el pase logrado se alcanza lo real separado del semblante?

Real / / Semblante, Sentido
/ Pase/ Ubicado en el entre.

J.-A. Miller sitúa la relación posible para la práctica analítica de la siguiente manera:

Sentido <> Real

Entonces, el psicoanálisis tiene este andar rengo entre perspectiva y práctica, lo que nos vuelve a situar ante la pregunta: ¿en el pase logrado se alcanza lo real separado del semblante? Diré que el pase mismo pone en escena la perspectiva que renguea, que falla, pero en esa falla está la posibilidad de la transmisión de un real alcanzado por el pasante en tanto separado del semblante, pero que se transmite vía semblante. Ahora bien, ¿el pase logrado como respuesta al síntoma del Uno inventa lo real? No es una pregunta fácil, pero me parece adecuada para situar el pase en la ultimísima enseñanza. En esa tensión sentido-real es que ubico la formulación de "un significante nuevo", que no se trata de un significante particular, sino de un nuevo modo de existencia del significante o, si se quiere, un nuevo uso. Y pienso y escucho los testimonios desde esa óptica, la que nos dice del nuevo uso alcanzado y esto es una conexión con lo real o un inventar lo real. Un testimonio que es un hablarse a sí mismo evacuados los semblantes. Lo real no habla[21] pero, a pesar del silencio, testimonia. Si Lacan consideraba al pase como una prueba de validación del final de análisis, esto trascurre en la oscuridad, de allí la idea de relámpago. Pero, el pase desde la ultimísima enseñanza sería más bien un sacar a la luz. Si hay una luz, es la que ilumina el testimonio sobre las contingencias del encuentro del Uno con lo real. [22] Entonces, si J.-A. Miller sostiene que la novedad que trae el Seminario El momento de concluir es que el significante nuevo no es un significante sino más bien una imagen,[23] ¿el pase logrado es la mostración de esta imagen nueva? Esto hay que pensarlo bajo la afirmación de J.-A. Miller de que, en la ultimísima enseñanza, Lacan introduce, como un nuevo visual, el toro como acceso privilegiado a lo real.[24] Entonces, habrá que pensar un testimonio tórico, donde no se ubica el pase como un despertar, en el que no hay liberación, sino un uso del sinthome que lleva al pase y un saber hacer del mismo en el pase, un arreglárselas con lo real. Tórico que muestra lo imposible en el sentido de Lacan en ...o peor: "La transgresión no tiene asidero cuando está en juego el verdadero imposible",[25] el verdadero imposible es lo real. Tórico al ir delimitando un cierto número de puntos donde reside lo imposible para el parlêtre. ¿No sería esto lo que, por ejemplo, en "El Ser y el Uno" J.-A. Miller llama "un nuevo pase"? Entonces, sin el ánimo de concluir, lo que me atrevo a afirmar es que el pase, desde la ultimísima enseñanza, no está del lado del par problema-solución, sino que se encuadra en el par problema-problema. Y lo que J.-A. Miller sostiene en este curso sobre el pase refleja el espíritu de lo que, por ejemplo, señaló en El lugar y el lazo al decir "El pase en tela de juicio".[26] Por lo tanto, no se trata de invalidar el pase.

Texto establecido por Alejandra Antuña

 

RadioLacan.comLa Primera Noche del Directorio
puede ser escuchada en vivo en:
www.radiolacan.com/es/topic/156

 

Las resonancias de la Primera Noche del Directorio, escritas por colegas, se encuentran en:
http://www.eol.org.ar/noches/noches_escuela.asp?Evento=401/La-ultimisima-ensenanza-a-la-luz-del-pase


*Texto presentado en la Primera Noche del Directorio, "La ultimísima enseñanza de Lacan a la luz del pase" junto a las presentaciones de Ennia Favret y Guillermo Belaga. Coordinación: Marisa Morao

  1. Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan. Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller, Paidós, Buenos Aires, 2014.
  2. Ibíd., p. 230.
  3. Ibíd., cap. VI, "El reverso del pase", pp. 97-98.
  4. Ibíd., cap. X, "La idea de lo real", p. 158.
  5. Ibíd., p. 99.
  6. Ibíd., cap. I, "El esp de un laps", p. 16.
  7. Ibíd., cap. II, "Entre la verdad y lo real", p. 28.
  8. J.-A. Miller las ubica como consecuencias despreciativas hacia el pase que cierta lectura del "Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11" ha tenido.
  9. Ibíd., cap. V, "Lo extraño y lo extranjero", p. 91.
  10. Ibíd,, p. 138.
  11. Es una noción que proviene de la Retórica de Aristóteles, quien sostenía que en los gestos, en la imagen que implícitamente da el orador, por ejemplo, no demuestra que es honesto pero lo muestra. Esto fue reformulado por Maingueneau (1993), para quien todo discurso supone un ethos, es decir, cierta representación del cuerpo de su garante, del enunciador que asume su responsabilidad. Un ethos contribuye de manera decisiva a su legitimación.
  12. Texto donde aflora la presencia del sujeto hablante. Presencia que correlaciono con real. No se trata de intentar decir lo verdadero sobre lo real, sino presentar lo real y sus articulaciones. Afinidades con lo real, pasan por el semblante de la verdad, como sostiene J.-A. Miller en su curso La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Y sobre la cual podemos agregar que se trata de una disposición del sujeto y la utilización del saber para construir una fixión.
  13. Tenemos una máxima, "nada es sin goce" y esto incluye a la fixión. Por lo tanto, podemos decir no hay fixión sin goce. No existe nada de lo que entra en la esfera del interés del parlêtre en lo que no se pueda ubicar un goce.
  14. Podemos agregar una frase de J. Lacan del "Atolondradicho": "Lo no enseñable, lo hice matema al asegurarlo con la fixión de la opinión verdadera, fixión escrita con x, pero no sin recurso al equívoco" ["El atolondradicho", Otros escritos, p. 507]. Es el recurso que tiene el que testimonia para alejarnos, a los que escuchamos, de la significación y presentar su afinidad con lo real.
  15. Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, op.cit., p. 210.
  16. Sería la manera que ha tenido de desembrollarse de lo simbólico. Lacan sostiene que "entre delirio y debilidad lo único que nos queda es elegir" (Seminario 24, L'insu-que-sait de l'une-bévue, clase del 11 de enero de 1977, Ornicar? 14, p. 9).
  17. La categoría sujeto se corresponde con lo simbólico y con su relación al Otro.
  18. Lacan, J., Seminario 24, L' ìnsu que sait de l' une venue s' aile l' amour, clase VI. Citado por J.-A. Miller en El ultimísimo Lacan, op.cit., p. 212.
  19. Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, op.cit., pp. 154-157.
  20. Lacan, J., Seminario 24, L' ìnsu que sait de l' une venue s' aile l' amour, clase del 8 de marzo de 1977, Ornicar ?, 16, 1978, p. 13.
  21. Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, op.cit., p. 235.
  22. El pase a la luz de su ultimísima enseñanza no puede ser pensado si excluimos la categoría de lo contingente. Ibíd., p. 243.
  23. Ibíd., p. 246.
  24. Ibíd., p. 255.
  25. Lacan, J., El Seminario, Libro 19, …o peor, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 117.
  26. Miller, J.-A., El lugar y el lazo. Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller, Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 159.
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