15|OCTUBRE|2015
#2
ISSN: 2362-3918

Cuerpo Hablante

¿La interpretación inventa su real?
Leonardo Gorostiza

Como ustedes saben, Lacan siempre invocó a la poesía como fuente de inspiración al hablar de la interpretación analítica. Al comienzo de su enseñanza, a la poesía occidental y, también, a la poética hindú. Hacia el final, llegó a decir que los psicoanalistas deberían recurrir a la escritura poética china para captar en qué consiste la interpretación analítica. Es por eso que quiero comenzar esta breve intervención con una poesía, mucho más cercana a nosotros. Una del poeta argentino Roberto Juarroz que se titula "Endemoniados por la palabra"[1] y que dice así:

Endemoniados por la palabra,
aunque no existan desde hace mucho los demonios.
Condenados por la palabra,
aunque no existan tampoco jueces válidos.
Malditos por la palabra,
aunque hayan cesado los conjuros y los brujos.
Mutilados por la palabra,
aunque se hayan perfeccionado las prótesis
y otros lenguajes parezcan aguardarnos.
Silenciados por la palabra,
que van consumiendo sus últimos rescoldos
como en un pacto indisoluble.

La palabra es una flecha ardiente
que llevamos clavada,
pero afuera está el frío sin límites.

Este último verso tiene para nosotros una resonancia especial. Creo que coincidirán conmigo en que tal vez no haya mejor manera de caracterizar al significante como causa de goce o el síntoma como acontecimiento de cuerpo que decir, como el poeta, que "la palabra es una flecha ardiente que llevamos clavada".

Y, en este sentido, ya podemos situar que sobre lo que conversaremos esta noche se articula muy bien con el cuarto eje que ha sido propuesto para la Jornada Clínica del próximo Congreso de la AMP. Es el punto IV que, precisamente se titula, bajo el modo pregunta: "¿Los acontecimientos de cuerpo deben ser interpretados?".

Pero, además, ese último verso de la poesía de Juarroz concluye de un modo que también me parece muy sugestivo para nosotros. Es cuando dice que "afuera" de esa flecha ardiente que llevamos clavada y que es la palabra, "está el frío sin límites".

Esta frase me evocó inmediatamente una enigmática indicación de Lacan en el Seminario 23, El sinthome, cuando dice:

"El fuego es lo real. Lo real prende fuego a todo. (Tenemos aquí lo "ardiente") Pero –agrega Lacan- lo real es un fuego frío. (Fórmula que es un verdadero oxímoron). El fuego que quema es un disfraz, si puedo decirlo así, de lo real. Lo real debe buscarse en otro lado, del lado del cero absoluto. A pesar de todo se llegó a eso. No hay límite a lo que se puede imaginar como alta temperatura. No hay límite imaginable por ahora. Lo único que hay real es el límite inferior. Eso es lo que llamo algo orientador. Por eso lo real lo es."[2]

Si me detuve en esta referencia – a la cual podemos luego volver- es porque precisamente es dentro del contexto del párrafo de Piezas sueltas del cual se nos propuso partir, que Miller hace referencia a la invención de lo real diciendo que en el Seminario 23 Lacan opone su invención de lo real a la energética de Freud que también era un real inventado, pero éste según los cánones de la ciencia. Por eso la mención de Lacan de vincular lo real al cero absoluto –según lo que pude averiguar- puede ser leída como una objeción a ese real energético inventado por Freud. No voy a proseguir ahora sobre esto, sino que voy a retomar entonces la frase del párrafo sugerido que me llamó mucho la atención y que fue la que inspiró el título que propuse, con cierta prudencia, al modo de una pregunta: "¿La interpretación inventa su real?"

Leamos entonces lo que dice Miller allí: "…la interpretación no es saber, pero si lo positivamos (…) se traduce así: el real que está en juego, el real sobre el que operamos mediante la interpretación, es exterior al saber." Hasta aquí no parece haber ningún problema: lo real, en tanta ausencia de la relación sexual, hace un agujero en el saber y, por lo tanto, es "exterior" al saber. Pero luego él agrega: "Para ello –para operar mediante la interpretación- hay que tener el coraje –hay un matiz en la versión francesa- de inventar lo real que el acto de interpretar implica, salvo que se piense que decimos cualquier cosa. Decir que los efectos de la interpretación son incalculables significa que el real que está en juego no es un tipo de real que conlleve un saber."[3]

En este punto me pregunté si lo que afirma Miller allí es que el coraje –en francés le culot: el tupé, el atrevimiento- fue el de Lacan al inventar él lo real y que eso decide de la modalidad interpretativa que se deduce de su enseñanza o bien, lo cual es más fuerte, podemos decir que precisamente es la interpretación que el analista profiere la que inventa su real.

Si lo leemos así, se puede también deducir lo siguiente: 1) que lo real no es pre discursivo, sino que es lo que se inventa con "el acto de interpretar"; 2) si es así, podríamos decir, "dime cómo interpretas y te diré qué real inventas con tu interpretación" (por ejemplo, si la interpretación se reduce a "traducir o explicar" lo que algo quiere decir, inventa un real, su real, que en este caso será un real interno al saber, o bien, un real que es saber); 3) el acto de interpretar congruente con un real "exterior" al saber siempre habrá de tener efectos incalculables (porque se sitúa fuera de todo cálculo, de toda previsibilidad, de todo saber) y en eso inventa su real.

De todos modos, debo decirles que –no obstante sea de ese modo que él mismo tituló el agrupamiento de tres de las últimas clases del Seminario 23, "La invención de lo real"- al ver esa fórmula de Miller, "el coraje de inventar lo real", no dejó de sorprenderme una vez más. Y esto porque creo estamos más habituados a decir - siguiendo a Lacan en su Seminario 21, Los no incautos yerran- que todos inventamos un truco para llenar el agujero en lo real, el traumagujero, el troumatisme que surgede la ausencia de relación sexual. Recuerdan la declinación que hace Lacan allí: el saber se inventa, el inconsciente inventa, el masoquismo es una invención, incluso lo es la lógica, ante ese agujero en lo real, es decir, ante la ausencia de una ley en lo real.[4]

¿Pero cómo es entonces eso de "inventar lo real" si lo real mismo es del orden de un agujero? ¿Inventar el agujero? ¿Y cómo entender esto si lo consideramos desde la perspectiva de la interpretación?

En el breve texto que nos solicitaron para presentar la actividad de esta noche, decía aproximadamente lo siguiente:

¿Cómo entender una interpretación que invente su real si la palabra "interpretación" no deja de hacer resonar semánticamente la idea de que una traducción, es decir, un sentido o un saber, habrán de dar cuenta de aquello de lo cual no sabemos qué quiere decir?

A partir de esta pregunta, intentaremos situar nuestra interrogación acerca de otra manera de nombrar a una interpretación que, lejos de traducir, sirviera para indicar, denotar, ¿inventar?, el real que puede estar en juego en un análisis.

Así, "intraducir", "localizar", "constatar", serán algunos de los nombres que pondremos a consideración y al debate en torno a un acto interpretativo que sería congruente con un inconsciente real.

Dicho de otro modo, ¿no será conveniente –no obstante el peso histórico que tiene la palabra interpretación en psicoanálisis- dejar de hablar de "interpretación" y buscar otro término que dé cuenta del acto analítico cuando éste se propone inventar su real como "exterior" al saber? ¿Acaso no propuso Lacan sustituir precisamente el término inconsciente por el de parlêtre? Entonces, ¿cuáles serían los términos más congruentes, para sustituir el de "interpretación", con ese desplazamiento que propuso Lacan? Porque creo queda claro que la palabra "interpretación" si es congruente con un inconsciente, lo es con el inconsciente freudiano, es decir, el estructurado como un lenguaje, y no con el "inconsciente real".

Es desde esta perspectiva que pueden situarse los al menos tres términos que antes mencioné y que si tienen una función es la de denotar o indicar.

El primero, implica concebir la interpretación como una "intraducción", es decir, el reverso de una traducción. Lacan alude a ello en el "Epílogo" de su Seminario 11, fechado el 1 de enero de 1973. Allí afirma: "… lo escrito no-para-leerlo lo introdujo Joyce; sería mejor que dijese lo intradujo, pues al hacer de la palabra tráfico más allá de las lenguas, apenas se traduce, por ser doquiera igualmente poco para leer."[5] Evidentemente alude al Finnegan's Wake de Joyce y separa sí, lo escrito para-leerlo (lo que se puede traducir)[6] de lo escrito no-para-leer (que surge de intraducir)[7]. Se trata del equívoco homofónico llevado hasta sus últimas consecuencias al producirse entre lenguas distintas y que Lacan exploró precisamente intraduciendo "inconsciente" en alemán, Unbewustt, por "una equivocación", Une-bévue, en francés.

Y es precisamente en su Seminario 24, es decir el que Lacan titula con el equívoco homofónico L'insu que sait de l'une-bévue…donde se encuentra el segundo de los términos que propuse en lugar de la palabra "interpretación". Se trata de lo que dice en el contexto de hablar del final de análisis como identificación al síntoma. Es una pista que nos permite calibrar la transformación de la interpretación analítica, cuando ésta ya no se dedica primordialmente a interpretar el deseo sino a intentar cernir el goce[8] y los S1 que marcan en el sujeto la contingencia del encuentro traumático con lalengua y con la no relación sexual.

La referencia precisa se encuentra en la clase del 16 de noviembre de 1976. Allí, en el contexto de preguntarse a qué se identifica uno en el final del análisis, dice: "Entonces, ¿en qué consiste esa localización (repérage) que es el análisis? ¿Es que acaso eso sería, eso no sería identificarse - identificarse tomando de ello sus garantías, una especie de distancia-, identificarse a su síntoma (symptôme)?"[9]

¿El análisis concebido simplemente como una localización (repérage)? ¿Cómo entenderlo? Que ya no se tratará de reglar la interpretación en relación a dar otro sentido a lo que se dice (traducir), sino fundamentalmente a un localizar (repérer)[10] aquello por lo cual el sujeto falla, no cesa de fallar. Se trata, entonces, de dar un relieve máximo a la instancia central del síntoma.

Ahora bien, que la indicación de Lacan a esta "localización" (repérage) se sitúe en referencia al final de análisis, no implica que no deba estar presente, para el analista, desde su inicio.[11] Lo cual supone, que el analista apunte a localizar (repérer) desde el comienzo, aquél significante particular sintomático que será la condición de posibilidad –llegado el caso- de la identificación al síntoma.

En este sentido, también vale la pena recordar que se repérer significa "orientarse" (s'orienter). Es decir, que la localización (repérage) del síntoma, es una brújula hecha a partir de la nobleza de la singular e incomparable chifladura de cada uno, es decir, de su síntoma o sinthome. Una brújula, entonces, que podrá surgir de una práctica de la interpretación tributaria de aquello que –según Lacan- "es lo único de lo que estamos seguros hace agujero"[12], es decir, de la nominación.

En este sentido, recordemos que precisamente en Piezas sueltas Miller, al oponer la comunicación a la nominación, indica que "centrarse en la nominación es, sino recusar, al menos diferir la relación con el Otro, es centrarse en la relación con lo real" (…) y que "con la nominación se supone que lo que decimos aísla lo que hay."[13] Ahora bien, apuntar a "lo que hay" implica apuntar a aislar el Uno y el goce. Pero si, como dijimos antes, la nominación –en tanto el significante aislado, es decir el significante reducido a la letra[14], es lo único que hace agujero en lo real, ¿por qué no postular que al mismo tiempo esa localización lograda implica la invención del agujero correlativo al Uno y al goce aislado, es decir, la invención de su real?

Del lado de esta localización del goce se ubica también el tercer término que propuse para la discusión y que es de Miller. Me refiero al término "constatación". Se encuentra en la lección del 6 de abril de 2011, en su Curso "El ser y el Uno". Allí, en el contexto de comentar cómo Lacan en su Seminario 23 intenta situar el inconsciente a nivel de lo real junto con el síntoma y se atreve a proferir la fórmula "el inconsciente real", subraya que el síntoma tiene dos caras. Una, vinculada a la interpretación (que es la que se descifra y que surge de la creencia de que el síntoma algo quiere decir), y otra cara vinculada a la repetición del Uno del goce (que no se descifra) y que "llamaría –dice Miller- por el momento y a falta de algo mejor, la constatación."

Pero, me pregunto, ¿constatar la iteración del Uno del goce conlleva a mismo tiempo la invención de su real, del agujero de lo real como imposible, ligado a lo que no hay y no solo a lo que hay?

En este sentido, -con esto concluyo- cabe recordar que Miller señala también que a nivel de la pulsión, a nivel del goce -allí donde el sujeto es siempre feliz- todo es puro logro, es decir que no hay un real (un imposible) verificado. Y que esto es lo que precisamente introduce la operación analítica: un límite al goce de la apalabra, a su monólogo, introduciendo el imposible de la relación sexual.[15] Así, "… habría que formular que la interpretación analítica introduce lo imposible…" (…) por cuanto (…) "subraya el fracaso que está presente en el éxito de -el monólogo de- la apalabra".[16] Dicho de otro modo, lo que está en el horizonte de la interpretación –si este término aún se sostiene- es la reducción a un eso no quiere decir nada como modo de introducir un límite allí donde la interpretación vía sentido ilimita, infinitiza, y contribuye al goce secreto del monólogo de la apalabra. Por el contrario, el horizonte del eso no quiere decir nada que se ubica fuera del sentido introduce un límite, finitiza, y permite localizar ese eso quiere gozar. Pero, y aquí vuelvo al punto de partida, si la interpretación no es un puede ser –es decir, no es una hipótesis a verificar- sino más bien la formulación de un Hay, conviene tener presente que en el extremo apunta a un No hay. Y es por eso que una interpretación que se diga lacaniana debería portar siempre, de alguna manera, la marca de lo imposible de decir.[17]


  1. En la Undécima poesía vertical, 1988, IV, 42
  2. Lacan, Jacques, Seminario 23, El sinthome, Paidós, Argentina, 2006, p. 119. (Destacado en negritas nuestro).
  3. Miller, Jacques-Alain, Piezas sueltas, Paidós, Argentina, 2013, p.63/64. (Destacado en negritas nuestro).
  4. Lacan, Jacques, Seminario 21, Los no incautos yerran (Les non dupes errent), Lección del 19 de febrero de 1974 (inédito).
  5. Lacan, Jacques, Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Argentina, 1993, p. 288.
  6. Escritura para-leer, en el registro del significante. Cf. Piezas sueltas, p. 81.
  7. Escritura no-para-leer, en el registro de la letra. Cf. Ibídem.
  8. Miller, Jacques-Alain, L'ETRE ET L'UN, Curso de la Orientación lacaniana (2010-2011), Lección del 11 de mayo de 2011, inédito.
  9. Lacan, Jacques, Le séminaire, Livre XXIV, L'insu que sait de l'une-bévue s'aile à mourre, (1976-1977), inédito. (Traducción mía).
  10. Luego de finalizada la presentación de este texto, Gerardo Arenas me propuso otra buena traducción posible para este término: "balizar".
  11. Una indicación de Eric Laurent resulta especialmente esclarecedora al respecto. "Al final del análisis –dice- se trata de otro uso (se refiere al savoir y faire.) de una articulación que existe ya desde el comienzo." Cf. Laurent, Éric, "Síntoma y nombre propio", DIVA, Argentina, 2002, pág. 98.
  12. Lacan, Jacques, El Seminario. Libro 22.RSI, Lección del 15 de abril de 1975 (inédito).
  13. Op. cit., p. 70.
  14. Op. cit. p. 86.
  15. Miller, Jacques-Alain, "El monólogo de la apalabra", en El lenguaje aparato del goce", Diva, Argentina, 2000, pp. 117-18, y en La fuga del sentido, Paidós, Argentina, 2012, pp. 157/8.
  16. Ibídem, p. 158.
  17. Miller, Jacques-Alain, « Le mot qui blesse », en la Cause freudienne nº 72, Navarin, París, 2009, pp. 133-136.
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