DICIEMBRE|2016
#4
ISSN: 2362-3918
Resonancias
Las Noches de la Escuela
Primera Noche preparatoria de las XXV Jornadas Anuales de la EOL
Los psicoanalistas frente a los lazos virtuales: ¿Qué hacemos para que el psicoanálisis siga siendo subversivo?
Resonancia
Por Gerardo Battista

Hiperconectados. Los analistas frente a los lazos virtuales toman cuerpo en la Primera Noche preparatoria hacia nuestras jornadas, que tuvo lugar el jueves 25 de agosto.

La mesa formada por Jorge Assef, María Eugenia Cora, Oscar Zack y Gabriela Grinbaum con la coordinación de Celeste Viñal, tenía una propuesta de trabajo precisa: ¿Qué hacemos para que el psicoanálisis continúe siendo subversivo? Pregunta central que refiere a los principios del psicoanálisis en lo que respecta a lo clínico, lo epistémico y lo político.

Jorge Assef abre la mesa desarrollando el interrogante de la Noche por el sesgo de los objetos, los gadgets y el analista, con otra pregunta, ¿cómo tratamos los analistas lo epistémico, en la era Google? Expresando que el tratamiento que le damos a lo epistémico, no concierne al supuesto saber absoluto de Google, sino a cómo entendemos la formación del psicoanalista. Desde esta orientación, es posible extraer un saber, sobre cómo interpretar nuestra época.

María Eugenia Cora abordó el tema en cuestión, desde el rasgo de las errancias y anudamientos en los usos de la red, planteando un deslizamiento, producto del empuje de la hiperconexión y el relevo de la experiencia por la digitalización. Lo expresado plantea algunas preguntas: ¿lo digital siempre provoca la sustracción del cuerpo y un goce autoerótico? ¿Es posible la elucubración de saber en la era de la hiperconexión?

A continuación destacó dos puntos precisos que tocan el corazón mismo de nuestra praxis: la increencia en el inconsciente y la falta de transferencia. En dos viñetas clínicas, hizo resonar los interrogantes planteados, sirviéndose del par errancia-satisfacción inmediata, proponiendo una solución a este atolladero: la apuesta de servirse del amor (de transferencia) como un puente.

Oscar Zack desarrolló su trabajo bajo el tópico: el analista y su práctica. Como queda indicado en el título, El amor: una brújula a preservar, situó que estamos ante una época que proclama el fin del amor. El discurso capitalista y las tecnociencias, hermanados, buscan que el consumo perpetuo logre suturar la división subjetiva, instituyendo un lazo patológico entre el sujeto y el objeto, instaurando formas de gozar que excluyen la dimensión del amor. El sujeto contemporáneo presenta un marcado rechazo al inconsciente y, por consiguiente, un rechazo al síntoma. El psicoanálisis ofrece cambiar su solución: el gadget con el que goza, por un problema: el síntoma. Cambiar goce por deseo abre siempre mejores perspectivas. Entonces, ¿qué debe guiar a los psicoanalistas en este siglo? Un psicoanálisis hace amar al inconsciente para hacer existir una relación con lo simbólico.

Gabriela Grinbaum introdujo en el cenit de su presentación los lazos virtuales. Como AE en ejercicio, testimonia estar advertida de su "adicción" y "curiosidad", por ello se abstiene de las redes sociales. Con su planteo nos enseña que el uso que se hace de estas, depende de la propia modalidad de goce. En su clínica predominan los jóvenes y el whatsapp se convierte en un instrumento de la táctica y la estrategia para maniobrar en transferencia. Afirma que, como analistas de la orientación lacaniana, tenemos la libertad decidir en cada caso lo que conviene; pues no nos regimos por el standard sino por la singularidad. Por tal razón, es categórica: la hiperconectividad no pone en jaque lo que el psicoanálisis tiene de subversivo, lo real que se esconde en la formación del analista.

La conversación entre la mesa y la audiencia se centró en la posición de los analistas frente a los lazos virtuales, el uso de los gadgets en el dispositivo analítico y, fundamentalmente, el cuerpo del analista. La agitada discusión me evocó lo que Jacques-Alain Miller desarrolla en Los usos del lapso acerca de esta cuestión. Allí plantea por qué no hacer psicoanálisis por escrito, ni por teléfono o videoconferencia. La tecnología permite estar allí sin el cuerpo, pero eso no es estar ahí. Por ello, es preciso para analizarse ir a un lugar donde alguien espere con su presencia. Pues en ese lugar se copula con el inconsciente. Y nos recuerda que el analista no lee el inconsciente como un libro, sino que con su presencia encarna la parte no simbolizada del goce del analizante. Indicación fundamental para sostener la ética subversiva de un psicoanálisis a la altura de nuestro tiempo. Al decir de Humberto Eco, ni apocalípticos, ni integrados sino que la brújula para preservar la dignidad del serhablante es maniobrar con nuestro norte: el amor y el cuerpo.

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