JULIO|2017
#5
ISSN: 2362-3918
Lo que vendrá…
Asuntos Adolescentes
Por Alejandra Glaze

¿Qué podemos decir de la caída de las tradiciones, los lazos familiares, las identificaciones, y en definitiva, la caída de un padre que era, anteriormente, central en la familia, y hoy pasa a ser un proletariado más? ¿Hay asuntos de familia?

En uno de los videos de los Asuntos! del VIII ENAPOL[1], Juan Carlos Indart plantea que hoy, en muchos de los casos, los sujetos ya no llegan al analista para hablar de su familia. Sostiene que el psicoanálisis comenzó por los asuntos de familia, pero ahora "hay pocos asuntos de familia".

La adolescencia actual puede ser un modelo de lo que ocurre cuando lo no familiar irrumpe. Momento del eclipse del lazo familiar, donde cambian las coordenadas infantiles, siempre imprevisiblemente. La fractura en el cuerpo infantil causa ese sentimiento de extrañeza que enfrenta con un punto de agujero en la significación, con lo no descifrable en la lengua del Otro, con el riesgo de quedar por fuera del lazo social.

En el artículo "En dirección de la adolescencia",[2] J.-A. Miller dice: "La incidencia del mundo virtual […] es que el saber, antes depositado en los adultos, los educadores, incluyendo a los padres –era necesaria su mediación para acceder al saber–, está actualmente disponible automáticamente a simple demanda formulada a la máquina. El saber está en el bolsillo, no es más el objeto del Otro. Antes, el saber era un objeto que había que ir a buscar al campo del Otro, había que extraerlo por vía de la seducción, de la obediencia o de la exigencia, lo que implicaba pasar por una estrategia con el deseo del Otro". Es decir "hoy hay una autoerótica del saber que es diferente de la erótica del saber que prevalecía antiguamente, que pasaba por la relación al Otro". O como dice J. C. Indart, "Los asuntos [de familia] van brillando por su ausencia".[3]

Tengamos en cuenta que lo que hay que hacer como hombre o mujer el ser humano lo aprehende por entero del otroy pertenece "al drama, a la trama que se sitúa en el campo del Otro", dice Lacan en el Seminario 11, y agrega: "El Edipo es propiamente eso".[4]

Para Lacan, el parlêtre, en su última enseñanza, es el ser humano, el hablante ser, aquel que adora su cuerpo porque cree que lo tiene, una consistencia mental que a cada rato levanta campamento. Y lo humano, en esta lógica, es justamente lo social, lo que hace lazo, aquello que establece algún tipo de vínculo entre los parlêtres. Y cuando recurre al término inhumano, se refiere a aquello que no hace lazo, a lo que deja al sujeto, sujeto ahora en el sentido extenso del término, ya que es parlêtre, del lado de Uno, del lado de su goce, del lado del sinthome y su modo singularísimo de goce.

Pues bien, los manuales, los protocolos, las costumbres –pero también el Edipo como trama– vienen a intentar llenar ese agujero, que Lacan llamó no hay relación sexual.

Si bien en cierto modo estamos determinados por el significante, por el lenguaje, por los semblantes, esta es siempre fallida, agujereada. En esa diferencia entre el deber ser (en general plagado de Ideales que viene del Otro), y lo que uno es. Justamente la adolescencia es un momento clave de crisis de esta caída de los Ideales. Veamos cuáles son sus consecuencias en esta época.

El adolescente corta el lazo que lo sostiene, dejándose caer, y debe hacerlo, aún si este acto genera niveles de angustia que fácilmente se transforman en manifestaciones de agresividad, donde puede aparecer eso inhumano que surge como un real en el mundo.

Philippe Lacadé dice que la violencia adolescente actual "debe ser puesta en correlación con el hecho de que se trata de sujetos que no están habituados a hablar y a contar su sufrimiento. […]reducidos a objetos […], sin reconocer su relación con la lengua y con el cuerpo".[5] Así, la violencia es testimonio de aberrantes fenómenos de cuerpo, y ocupa el lugar dejado vacío por la palabra, desbordando la dimensión simbólica.

Pero también sabemos que cuando el sujeto encarna el objeto a, suelto, por fuera de la cadena, está absolutamente tomado por la pulsión en estado puro y por sus efectos sobre el cuerpo, y por lo tanto, sometido a la persecución del objeto voz y mirada que lo empujan al acto. Es lo que Lacan sitúa como la división originaria del sujeto en la vertiente de la paranoia y que se reactualiza en la adolescencia. Y lo que constituye el mecanismo fundamental de la paranoia es esencialmente el rechazo de cierto apoyo en el orden simbólico, rechazo de la castración que se manifiesta como delirio del pensamiento. Y en última instancia, del rechazo de la violencia del deseo como deseo del Otro. Es una ficción que no anuda nada.

Es un momento en el que lo real de la sexualidad puja, pulsa, presiona, conmocionando los semblantes en los que se sostiene el sujeto, buscando nuevas salidas frente a eso que ya no se sostiene. Se presenta allí un Otro del saber en su mayor inconsistencia, un Otro que ya no tiene todas las respuestas, donde surgen todos los problemas en relación a cómo ser con los otros.

Pero debemos incluir aquí la perspectiva de la época, en la que la autoridad se ve socavada, dice E. Laurent, por la acción conjunta de la decadencia de la dimensión trágica del padre y la multiplicación de formas de la familia conyugal. "Ante la falla en los semblantes, que se profundiza, sale a la luz un doble deseo, según la ley de hierro del superyó. Por un lado un invasivo llamado a la seguridad y su corolario: la instalación de una sociedad de vigilancia con su panóptico loco. Por otro, la fascinación para vivirse como una máquina finalmente liberada de los semblantes".[6] Es lo que Miller ha dicho en torno a que la palabra del padre enferma, a que el Padre es traumático.

Pero la respuesta puede ser no la violencia, sino la creación de nuevas formas de existencia. Es así que algunos jóvenes, hoy en día, producen nuevas identidades en la búsqueda de desembarazarse de la palabra del padre, de desembarazarse de los ideales que vienen de una sociedad a la que claramente rechazan. Es la puesta a punto, con la ayuda del discurso de la ciencia, del hombre "liberado" de los semblantes.

Así, muchas veces, cualquier demanda proveniente del Otro aparece como una exigencia tiránica a la que se responde no siempre de la mejor manera, donde se produce la violencia proveniente de cierta posición reivindicativa, que no llega a tomar la forma de un llamado al Otro, sino más bien ser su denuncia.

Hay variadas teorías (El Anti-Edipo es una de ellas, de Deleuze y Guattari) según las cuales nos oprime una fuerza exterior, la familia, el Edipo, el poder, y si nos liberamos de ella, accederíamos a una esencia libre en la que nos podemos reconocer. Pero sabemos que desde el psicoanálisis no pensamos en un determinismo; por más determinados que estemos por nuestra historia, regla familiar, Edipo, construcción fantasmática de lo real, etc., siempre se pondrá en juego algo que está más allá de las determinaciones y que es la elección contingente, la decisión irreductible por parte del sujeto. Y esto es lo que en cierto modo, se produce en la adolescencia.

Se trata de la posibilidad de resolver o no, vía una construcción singular, qué hacer con ese encuentro con lo real del sexo, que es Universal, para todos, pero se malogra para cada uno, cómo se las arregla cada uno con lo imposible de la relación sexual.

En la adolescencia se trata de poder construir un mundo ajeno a ese en el que el enfans habitó, ajeno en el sentido que le permita ciertos puntos de fuga en relación al entramado familiar.

En todo caso se trata de ver si de manera contingente se puede construir un nuevo lazo, tarea a la que los diversos discursos que trabajan con los jóvenes deben abocarse, sosteniendo un lazo que aloje aquello que se presenta como disímil a ese mismo lazo; es decir, hacer comunidad de alguna manera, lejos de un fundamento en común identificatorio, en una época donde el sujeto se ve obligado a devenir inventor de su propia manera de ser y estar en el mundo, lejos de lo que J.-A. Miller llama en el artículo que cité anteriormente, las teorías del complot como manera de evocar a otro de una forma "degradada y muy malvada", que conduce muchas veces a esas posiciones reivindicativas y violentas en las que el joven hace su intento por lograr lo que podríamos llamar cierta "socialización" bajo el modo sintomático.


NOTAS

  1. Indart, J., entrevista en video en Asuntos!# 20, Boletín del VIII ENAPOL, Asuntos de familia. Sus enredos en la práctica, http://www.asuntosdefamilia.com.ar/es/Boletines/Asuntos/Asuntos_ES_020.html
  2. http://www.psicoanalisisinedito.com/2015/04/jacques-alain-miller-en-direccion-la.html
  3. Indart, J., entrevista en video en Asuntos!# 20, op. cit.
  4. Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Las formaciones del inconsciente, Paidós, Buenos Aires, 1995, p. 212.
  5. Lacadée, Ph., El despertar y el exilio. Enseñanzas psicoanalíticas sobre la adolescencia, Gredos, Madrid, 2010.
  6. Laurent, É., "El orden simbólico en el siglo xxi", https://litura.wordpress.com/2011/06/23/el-orden-simbolico/
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