DICIEMBRE|2017
#6
ISSN: 2362-3918
Efectos de transmisión
Entrevista a Paula Kalfus. AE (EOL) 2013-2016

El Caldero: Una vez finalizado su análisis ¿qué puede comentarnos acerca de la decisión de presentarse al dispositivo del pase?

Paula Kalfus: Con la perspectiva que me da el tiempo transcurrido, hoy puedo decir que la decisión de presentarme al dispositivo del pase en mi caso ha sido fruto de una elaboración en tres tiempos.

Ubico un prolongado primer tiempo habitando la experiencia de mi análisis cuando ésta fue dejando atrás la vertiente terapéutica que apaciguara la angustia de los comienzos. El deseo de saber – que he reconocido desde niña – me empujaba a la cita con la analista con la ilusión de que el trabajo de lo simbólico pudiera subsumir el real sintomático que se hacía presente una y otra vez.

Un segundo tiempo se abrió para mí con la designación como pasadora y la interrogación acerca de cómo se podía concluir un análisis. La experiencia me confrontaba en esos tiempos con las aristas de lo imposible en mi caso. Recuerdo la especial atención con la que escuchaba cómo cada pasante había podido arreglárselas con eso para dar por concluido su análisis. El final de ese tiempo fue especialmente duro, no había modelo alguno que acompañara esa búsqueda. La construcción de un borde al real velado por el fantasma orientó el último paso; el encuentro contingente con una conclusión lógica me condujo a la salida.

El tercero fue un tiempo de cierta precipitación, de hacerme a la elección que había tomado hacía mucho, la de someter a la verificación del dispositivo del pase el punto al que había arribado en mi experiencia analítica. No fue sin temor ni temblor… pero se trataba de una elección forzada. El caso es que hay algunas elecciones – ésta es una de ellas – cuyas consecuencias reverberan en el tiempo.

E. C.: ¿Podría ubicar si hubo efectos en su posición como analista a partir del fin de análisis y luego de la nominación que hayan tenido efecto en su práctica?

P. K.: Creo que lo que se ha ido transformado en mi práctica tiene relación con la experiencia que del psicoanálisis vengo realizando en su duración.

A la del final de análisis y la nominación no dejaría de sumarle la de la transmisión de la experiencia y el control.

Pero podría decir que lo que encuentro como efecto mayor en relación a la perspectiva de la conclusión del análisis es el de una distancia respecto del síntoma que posibilita un manejo de la transferencia a resguardo de una cierta precipitación asociada al arrebato. Ello se traduce en un estilo más sopesado en las intervenciones tanto como en un manejo del tiempo variable de las sesiones o entrevistas que duran más.

E. C.: ¿Podría transmitirnos si hubo algún acontecimiento de cuerpo en el fin de análisis y luego de la nominación?

P.K.: Para responder a esta interrogación voy a retomar en parte la perspectiva que sobre la noción de acontecimiento de cuerpo pude elaborar para la Conversación del Pase de fines del año pasado.

La actualización de la doctrina del pase, tributaria del tiempo de su desarrollo, nos ha llevado a concebir el final de análisis más allá del atravesamiento del fantasma hacia lo que llamamos el campo de la identificación al síntoma. Llevar el análisis más allá de la resolución del deseo es confrontarse con aquello que del síntoma – evacuada su cara de sentido – insiste que Freud había aislado como restos sintomáticos. Una indicación de Lacan en "Joyce el Síntoma", allí cuando postula su definición como acontecimiento de cuerpo, es la brújula que orienta esta actualización promovida por Miller y asentada en la consideración del goce en su costado imposible de negativizar. "Dejemos el síntoma en lo que es: un acontecimiento de cuerpo ligado a lo que se tiene".[1]

El síntoma, en este sentido, es lo más real que el psicoanálisis puede circunscribir. Para circunscribir este real, sin embargo, es necesario distinguir el síntoma, en tanto acontecimiento, de lo que llamamos fenómeno de cuerpo. En un análisis podemos leer múltiples ecos en el cuerpo del hecho de que hay un decir, pero hay los que aparecen y desaparecen, caracterizados entonces por su transitoriedad, y los que permanecen a través del tiempo. Es esta vertiente de su permanencia la que asemeja el síntoma como acontecimiento de cuerpo a la fijación freudiana, forma de goce que adscribimos al impacto de lalengua en el cuerpo, desnaturalizando su goce de organismo para hacerlo humano.

El rasgo de permanencia del síntoma como acontecimiento de cuerpo es abordado por Miller en su último curso y también en "Leer un Síntoma" y, varios años antes, en una conversación clínica "Los embrollos del cuerpo". Allí señala la diferencia entre fenómeno de cuerpo -que califica como en eclipse- y acontecimiento de cuerpo: "Calificamos a los fenómenos del cuerpo como sinthomes cuando se instalan permanentemente, ordenando la vida del sujeto"[2].

En este sentido – el de ordenando la vida del sujeto – el sinthome como acontecimiento de cuerpo es un efecto de lectura de la experiencia analítica. No es un dato de partida, sino fruto de la constatación del encuentro con lo mismo una y otra vez. Para lo mejor y para lo peor lo llevo conmigo, aún…


NOTAS

  1. Lacan, J., "Joyce el Síntoma", Otros Escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 595.
  2. Miller, J-A., Embrollos del cuerpo, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 110.
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Colaboradores:
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