DICIEMBRE|2017
#6
ISSN: 2362-3918
Resonancias...
XXVI Jornadas Anuales de la EOL
Fantasmas, Ficciones, Mutaciones. El psicoanálisis y sus relaciones con la realidad
Conversaciones sobre lo que no se sabe.
Mutaciones del fantasma y fantasma fundamental.
Fantasma: neurosis y perversión.
Conversan: Mónica Torres y Osvaldo Delgado. Coordina: Alberto Justo
Por Alberto Justo

Agradezco la invitación de Silvina Díaz a reseñar para la revista El Caldero, la conversación en la que participaron Mónica Torres y Osvaldo Delgado en las XXVI Jornadas Anuales de la EOL; que este año convocó bajo el título: Fantasmas, Ficciones y Mutaciones. El Psicoanálisis y sus relaciones con la realidad.

En esta ocasión y en el marco del programa de mesas simultáneas, se desarrollaron ocho conversaciones, que tuvieron como un eje en común: Sobre lo que no se sabe. En nuestro caso Fantasma: Neurosis y Perversión

Inicialmente tomó la palabra Mónica Torres quien partió de la pregunta que orientó su desarrollo: de qué manera el neurótico y el perverso responden a la falla en el Otro. Su exposición se centró fundamentalmente en la neurosis y toma una primera referencia, la lectura de la comparación que J.-A. Miller trabaja en el Curso Extimidad, sobre la cuestión perversa y neurótica.

Lo primero que ubica, es el capítulo 8 del Seminario Aun de Lacan donde establece el matema que vincula RSI con las letras: El significante de la Falta en el Otro, el objeto a y el Falo con mayúscula. Despejando el límite de lo que se dice, el límite de lo que puede hacerse y el límite de lo que se muestra, articula aquello a lo que convoca la mesa: sobre lo que no se sabe.

Seguidamente toma el Seminario 16 en el pasaje del Otro al otro, del Otro al objeto a, afirmando que es porque existe la falta en el Otro que es posible que aparezca el objeto a. En la neurosis precisamente se le atribuye al Otro con mayúscula el propio objeto de goce ya que de lo que padece es de la inexistencia del Otro a nivel del significante. Allí subraya la importancia clínica del término extimidad establecido por J. Lacan.

Por el contrario el perverso, dirá, tiene otra actitud. Lo que quiere es restituirle al Otro su objeto de goce, donde el partenaire no es otro perverso sino un neurótico, el cual es forzado, por ejemplo, por el exhibicionista, a llevar la mirada allí donde algo se exhibe, o restituirle al otro la voz como en el caso del masoquista, que obliga al otro a que le dé órdenes. Pero el que comanda la escena de una manera fija siempre es el perverso.

Seguidamente Osvaldo Delgado comienza con una pregunta teórica sobre la perversión, en el contexto de nuestra época y a partir de la caída de la imago paterna ¿Se puede sostener a la Perversión como estructura clínica?

Toma tres puntos clínicos para su desarrollo: los rasgos de perversión en la neurosis en una época caracterizada por un empuje manifiesto al goce, los perversos en tratamiento y, por último, las estabilizaciones en la psicosis con actos o rasgos perversos.

En primer término destaca la forma en que Lacan transforma el término en una versión hacia el padre. Refiere también que el perverso como tal no se analiza. Su solución no lo incomoda. Su angustia no está localizada por su valor de goce. Destaca otro obstáculo técnico, que se plantea en el establecimiento de la transferencia, ya que en el lugar vacío, necesario para establecer el Sujeto supuesto Saber, hay goce estable y permanente. Sin embargo algunos perversos recurren al tratamiento a partir de ciertas desdichas y desencuentros.

Para concluir nos alienta, por un lado, a releer y trabajar en el texto "El fetichismo", el estatuto del objeto fetiche, como falo materno, pero a la luz de lo que destaca Freud como lo más importante, que es un brillo en la nariz en tanto estatuto de letra. Y también lo que J. Lacan nos enseña: que puede haber perversiones transitorias ligadas a actos perversos en la neurosis, donde el sujeto está identificado a la víctima, donde hay un goce masoquista. En cambio el perverso requiere de un elemento indispensable, además de la función del fetiche en el montaje de la escena perversa, y es la creencia incondicional en el Otro. El perverso se dedica a obturar la castración en el otro pero confunde consistencia con incompletud. Él se dedica a completarlo. Él es instrumento, en un orden establecido por él, en un acto repetido, produciendo en el otro un desgarramiento de la angustia.

STAFF

Dirección:
Luis Tudanca

Dirección Editorial:
Leticia A. Acevedo

Comité de Redacción:
Juan José García, Patricia Kerszenblat, Delfín Leguizamón, Alejandra Loray (Secretaria de redacción)

Colaboradores:
Silvina Díaz, Ana Cecilia González, Santiago Hormanstorfer

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