DICIEMBRE|2019
#10
ISSN: 2362-3918
Los Divinos Detalles del IX ENAPOL

Acordar-despertar

Gloria Aksman

Se me pidió escribir unas pocas líneas sobre un “divino detalle” en torno al Enapol.

Dicha invitación llega justo, puesto que en ese momento, seguía bajo los efectos de cierta sorpresa a la manera del witz .

Volvía de una reunión con colegas de otras Escuelas, esas que sucedieron alrededor del Encuentro. Intercambiábamos animadamente acerca del tema que nos convocaba: los sueños. Nuestra atención se centraba en las pesadillas y el despertar….

La Babel de las lenguas hizo que en determinado momento hubiera que detenerse, no decíamos lo mismo cuando se utilizaba la palabra “DESPERTAR”.

En portugués, hay dos palabras para hablar del despertar que indican distintas circunstancias:

Se usa la palabra acordar, que refiere al momento, por ejemplo, del levantarse a la rutina diaria.

Por el contrario, corresponde hablar de despertar, cuando se refiere al interés sobre algo o el despertar de la conciencia social, etc.

En nuestro contexto hace referencia a la posición del sujeto. Cuando, por ejemplo, algo de la responsabilidad, de la implicación o rectificación subjetiva es convocada en las vueltas dichas.

Cuando en esa reunión de trabajo alguien dijo:

“Hay un detalle” efectivamente, como señala Miller[1], todos nos detuvimos. Y ese detalle sin ser desproporcionado con respecto al tema, sin embargo, produce el aporte que hace virar toda la perspectiva del argumento tratado en ese momento.

Es que en el “divino detalle, entiendo que hay un toque de real…como en el witz, del cual no se sale igual.

Satisfactoriamente, esos efectos son afectos de Escuela…también.

  1. Miller, J.-A (2010) Los divinos detalles. Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller. Paidós. Argentina.

 

Gabriela Camaly

Cada ENAPOL es siempre una ocasión abierta al encuentro fructífero de trabajo entre colegas de latitudes muy diversas, concernidos por una misma causa, la de sostener el discurso analítico en cada lugar, en cada ocasión donde sea posible. Una vez más, pudimos constatar que el psicoanálisis en extensión está vivo y que su práctica se inscribe a la altura de la época que nos toca vivir, con todo el esfuerzo y el compromiso que eso implica para cada uno de nosotros.

Pero en esta ocasión, además, la presencia de Ève Miller-Rose como Presidente de la Fundación del Campo freudiano, por primera vez para las tres Escuelas de América Latina, constituyó un hecho memorable. Escucharla hablar con su voz pausada y firme de su recorrido analítico, su elección forzada y su deseo decidido, me conmovió profundamente. En este sentido, el IX ENAPOL fue una fiesta de encuentros, conversaciones y enseñanzas que celebro, pero también un acontecimiento que ya se ha inscripto en la historia del psicoanálisis.

 

Claudia Castillo

Hay muchas cosas para comentar del IX ENAPOL, mesas plenarias, testimonios del pase, presentaciones de Jornadas, pero en esta ocasión elijo una de las mesas simultáneas.

La presentación del tema y el debate a cargo de: María Cecilia Galletti Ferretti y la coordinación a cargo de Helenice Castro.

Presentan:

Nieves Soria, “Una armadura de odio”, Silvia García, “Amor, odio y deseo, en los tiempos del capitalismo”, Carlos Luchina, “El odio que explota en su interior”.

En los dos primeros casos se trata de la anorexia. En el caso se Nieves Soria están en juego el silencio buscando rearmarse, el límite crítico del peso, el esfuerzo por domesticar la anorexia y el odio a la madre transformado en armadura. En el caso de Silvia García el odio está amarrado a los fenómenos de consumo, la anorexia ligada a la “mirada radiográfica”; en el caso de Carlos Luchina la paciente tiene una seria enfermedad autoinmune que interpreta con el analista como un “odio que explota en su interior”.

En los tres casos está en juego el padre, pero bajo la forma de alguien que no regula, ni produce interdicción. En el último caso directamente está ausente.

Una mesa donde la apuesta por la vía del inconsciente trata de regular el odio y las manifestaciones en el cuerpo que sufre sin palabras.

 

¿Qué pasa? Alejandro Reinoso

Carlos Rossi

La pregunta tiene una doble resonancia, la de la sorpresa ante la respuesta del auditorio - ¿Qué está pasando? - y ¿qué pasa en el testimonio del Pase -¿Qué produjo ese efecto?. Es evidente que se trata de una satisfacción. Eso se escucha en el rumor. No es la claridad, no es solamente el estilo, no es algo que se pueda precisar. La tarea del testimoniante no es sencilla. Debió recomponer las piezas sueltas de un par de decenas de años de su recorrido analítico en una gramática que lo haga transmisible restaurando algo del sentido perdido en la llamada operación reducción. Quienes lo escuchamos, enredados todavía en el embrollo neurótico, percibimos la interpretación del AE desde nuestro incómodo Aún. Cada Testimonio es singular. La intriga es que de lo singular resuena en ese breve colectivo contingente que concurre al Encuentro Americano. Reinoso es hábil y su habilidad bordea la des-infatuación que se espera de aquel que ha verificado que todo es elucubración. Pero no confunde semblante con impostura y ahí, es mi resonancia, está la clave de lo que pasa.

Un pequeño milagro en la época de lo privado en lo público.

Su decir no es poético, él es poema.

Y como todo poema, promete más.

 

Un anudamiento político

Marita Salgado

IX ENAPOL, un Encuentro anudado a la época que nos atraviesa. La temática y el lugar elegido, la Ciudad de São Paulo, estuvieron marcados desde el inicio como una temática que no es ajena a la historia de Brasil, atravesada por la segregacion. El recorrido de la clínica, la episteme y la política, se tejieron en un entramado americano implicado en los avatares de la segregación, el odio y sus declinaciones en la cólera y la indignacion desde el Psicoanálisis que demostró no existir sin su anudamiento a la política.

 

Precioso detalle

Roxana Vogler

Luego de cuatro días de intensa y fructífera actividad durante el ENAPOL 2019, en San Pablo, Brasil, el testimonio del colega Alejandro Reinoso fue lo que precipitó para mí, como corolario del trabajo que nos convocó. Su clara transmisión respecto al recorrido analítico en el que atravesó el pasaje de la indignación a la dignidad del sinthome y su enlace a la Escuela, me dejó reflexionando sobre cómo repensar la dignidad del lazo a la Escuela de la causa.

Él lo decía así: “Para mí, el más allá de la indignación es un paso del huir al Ouïr y un amor al sinthome. Antes me indignaba de un particular modo con La Escuela, era una indignación quejosa, melancolizada, con escasa voz y menos jugada. Marcado por un ideal de Escuela aristocrática, de aristos, es decir, la de los mejores. Así es fácil indignarse. Una indignación, propia del discurso histérico, que desaparecía cuando se verificaban experiencias contingentes de Escuela”. Así Reinoso, nos transmite su modo de interpretar lo real de la inevitable tensión grupo-Escuela, cuando la infatuación grupal aparece en el “entre nosotros” se enciende su indignación ética: “cuando la dignidad de la Cosa y de lo indecible se sobresatura con el sentido pues sabemos demasiado; también cuando confundimos el hablar de la Escuela con hacer experiencia de Escuela y hablamos de más”. Su indignación ante los efectos masificantes grupales, ante los excesos de palabras, del en más…Aquí rescato las indicaciones de Miller en la Teoría de Turín; orientarnos para el trabajo de Escuela por la identificación no segregativa, donde se prescinde del Otro y al lugar del Ideal va la causa analítica.

La Escuela hace de lo analítico como significante amo un instrumento de pregunta para constituirse en un colectivo de subjetividades no identificables pero identificadas. Lo que queda como resto no hace un todo, este punto debe permanecer agujereado para habilitar el uno por uno de la propia experiencia de Escuela.

Concluye Reinoso sobre su solución singular: “Una extraterritorialidad digna, un “estar sin ser”, contingente, que apunta a producir encuentros, a hacer un lazo social más allá de las tres formas de identificación freudianas, donde la misma Escuela es una comunidad russelliana del conjunto de los que no pertenecen a ningún conjunto”.

Desde allí, entiendo que las pasiones como el odio y la indignación, pueden ser tratadas analíticamente, a partir de incluirlas como un real ineliminable de la lógica grupal, y ponerlas a trabajar para producir un saber, nos permite dejar de lado la “obscenidad imaginaria” para enfrentar los dilemas éticos y políticos que seguirán insistiendo y ex-sistiendo en la vida de Escuela.

 

El analista es aquel que sigue

Paula Vallejo

Algo que me pareció resonar en el Enapol, tanto en las mesas simultáneas como en las plenarias, tiene que ver con lo que Eric Laurent puso de manifiesto en su conferencia en Barcelona titulada “La disrupción del goce en las locuras bajo transferencia”. Se trata de la referencia de Lacan en el Seminario 23 que apunta al analista no como aquel encarnando la suposición de saber sino como "el que sigue lo que el analizante tiene para decir". Esta ruptura del analista con su anclaje en la suposición de saber nos lleva a interrogarnos acerca de qué es lo que constituye el soporte real sobre el que se sostiene la creencia en el inconsciente y da lugar a una práctica más acá del Otro, que se funda en la une-bévue, allí donde Lacan ubica al sinthome como lo más singular del parlêtre. No es por tanto la significación sino el uso y la invención lo que orienta al analista.

STAFF

Dirección:
Diana Wolodarsky

Dirección Editorial:
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Comité de Redacción:
Cynthia Barreiro Aguirre, Victoria Márquez, Cristina Nocera, Claudia Pollak, Analía Trachter

Colaboradores:
Silvina Díaz, Delia Molina

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