DICIEMBRE|2020
#11
ISSN: 2362-3918
Resonancias...
Noches preparatorias a la “Conversación EOL 2020 TraumaΣ”
Un detalle que deja una herida
Por Ludmila Malischevski

Ludmila Malischevski

“Hay un punto extremo, un lugar, digamos, al que parece imposible acercarse. Como si el lenguaje tuviera un borde, como si fuera un territorio con una frontera después de la cual está el desierto infinito y el silencio”[1]

La Segunda Noche de la Conversación TRAUMAΣ tomó la forma de un ping pong en el que participaron Graciela Brodsky y Alejandro Reinoso, con la coordinación de Débora Rabinovich y Esteban Klainer. Sus intervenciones, agudas, ingeniosas, serias y rigurosas, contribuyeron a elucidar y esclarecer algunos interrogantes sobre el concepto de trauma. A continuación, destacaré algunas de las definiciones, observaciones y precisiones que tanto Graciela como Alejandro ubicaron a partir de su recorrido analítico.

Claves de lectura
El trauma, más allá de la modalidad en la que se presente, se caracteriza por la falla de lo simbólico para dar sentido a un acontecimiento. En efecto, en la clínica se trata de atrapar cómo cada sujeto se encontró con aquello que carece radicalmente de sentido, con ese borde de lo imposible de nominar (límite de lo simbólico) y lo imposible de representar (límite de lo imaginario) que deja entrever el real en juego.

Por otra parte, el trauma, entendido como “un decir que toca al cuerpo”, implica al mismo tiempo un menos y un más. Un trou-matismo que introduce un agujero en lo simbólico, y un trop-matismo, en tanto desvía el goce del cuerpo vivo a un cuerpo afectado por un acontecimiento insensato.

El acontecimiento traumático es ruptura, marca un antes y un después, y en eso se distingue del síntoma que no cesa de repetirse. El acontecimiento no tiene más esencia que el sentido que se le agrega, es agujero en el saber.

Puede tomar una forma escandalosa o bien, una forma discreta e incluso, pasar desapercibido en la infancia hasta el momento en que se esclarece en el análisis. Puede ser una escena de la que siempre se habló, y que, après coupe toma valor de trauma. En esta perspectiva, cobra relieve el recuerdo encubridor, recuerdo pantalla, divino detalle a partir del cual se organiza la neurosis. Un detalle que deja una herida, una marca en el cuerpo. De este modo, es posible leer la estrategia neurótica como reverso del trauma, ya que el neurótico arma su neurosis, su síntoma y fantasma como respuesta al trauma, como modo de tratar la dimensión de lo radicalmente Otro.

Para concluir, retomaré algunas precisiones que se hicieron en la conversación.

Por un lado, la distinción entre el analista trauma y el analista sinthome, analista partenaire de la solución sinthomática. El primero encarna las distintas modalidades del acontecimiento traumático mientras que el segundo permite ir al ras del síntoma y acompaña al analizante a obtener la solución sinthomática, su lectura y bien decir.

Y por otro, una cuestión que resulta fundamental para elucidar la clínica, a saber, que el goce femenino es el goce no fálico, el goce esquivo al significante, que no tiene la localización en el cuerpo que provee el objeto a, es el goce a secas, el goce en tanto tal. No tiene que ver con las mujeres, no tiene fin, se arriba a soportarlo, a no rechazarlo, a que hay un saber que falta, a que no todo es falo. Es el problema a resolver y no la solución a la que llegar…


NOTAS

  1. Piglia, R. “Las tres vanguardias”. Eterna cadencia. Bs. As. 2016. P.176.
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Dirección de Editorial: Alejandra Breglia

Comité de Redacción: Andrea Amendola, Eliana Amor, María Eugenia Cora

Colaboradores: Andrea Breglia, Mariela Coletti, Silvina Díaz

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