DICIEMBRE|2021
#12
ISSN: 2362-3918
*Divinos Detalles de las XXX Jornadas Nacionales de Carteles, "La Arquitectura del Cartel"
La ense˝anza de Lacan en acto
Por Marcela Mas

Marcela Mas

Aunque ya han transcurrido 30 años desde la aparición del primer catálogo de carteles, el clima de "La arquitectura del cartel" no ha sido precisamente el que la nostalgia podría imprimirle al paso del tiempo, sino todo lo contrario.

El espíritu del cartel se pone en cruz con el letargo que implica la nostalgia, esa que nos haría suponer que otro tiempo fue mejor.

De la conversación a la que asistimos en la plenaria "De nuestros antecedentes" extraigo algunas marcas que me resultan de gran interés: Graciela Brodsky señaló que el cartel funciona como despertador de la Escuela dormida, Leonardo Gorostiza afirmó que los carteles no pertenecen a ningún grupo en particular ya que son la enseñanza de Lacan en acto, Oscar Zack se refirió a las marcas indelebles en los cartelizantes y Adrián Scheinkestel hizo alusión a la construcción alrededor de un vacío.

Cuatro detalles de los que me sirvo entonces para pensar la erótica del cartel.

El funcionamiento del cartel implica un modo de lazo novedoso tanto en lo que respecta a sus integrantes como con la Escuela.

Investigar en psicoanálisis implica la búsqueda de algo nuevo tomando como soporte los saberes que disponemos como referencia.

Para ello, la función del "más- uno" como líder débil es crucial. Por un lado evita los efectos de grupo y por otro, provoca y promueve la elaboración colectiva de un saber que se dice en singular. Sólo desde esa posición- la del agente provocador que encarna el más-uno - hay enseñanza, tal y como nos lo recuerda Miller en "Cinco variaciones a la elaboración provocada[1]".

Cuando el cartel funciona de la buena manera, sus integrantes se dejan guiar dócilmente por sus rasgos en vez de ser guiados por el maestro.

De esa docilidad, resulta la producción de un saber diferente al que se obtiene, por ejemplo en un grupo de estudio, puesto que se trata de un saber no acabado que mantiene la hiancia que lo causa.

Pienso que las marcas indelebles a las que Oscar Zack hizo referencia, resultan del encuentro de cada integrante con la causa que nos anima, la del psicoanálisis.

Causa a la que podemos considerar como un verdadero torbellino que gira en torno a un vacío y que lejos de adormecernos en el automaton de la repetición, nos despierta de ella.

Considerar al cartel como "la enseñanza de Lacan en acto" implica ponderar el valor que tiene su declaración en la Escuela.

Pero esta declaración no tiene un carácter burocrático. Muy por el contrario, muestra por un lado el lazo transferencial con la Escuela y con la causa que ésta preserva y, por otro, vehiculiza la marca implícita de una disposición al trabajo con el otro pero sin el Otro. Esta marca se explicita, finalmente, al hacer conocer la producción de cada quien.

Esa enseñanza en acto es entonces un anudamiento entre lo analítico y lo institucional.

Un anudamiento que va contra los intereses narcisistas de los grupos indicado por Lacan en L´Etourdit: "No soy yo quien vencerá, sino el discurso al cual sirvo.[2]"

Una indicación precisa que conviene retomar cada vez que pensemos en el estado actual del cartel.


NOTAS

  1. Miller, J-A. Cinco variaciones a la elaboración provocada, disponible en http://www.cuatromasunoeol.com/sv/referencias.cinco-variaciones-sobre-el-tema
  2. Lacan, J.: "El atolondradicho", en Otros escritos, Paidós, Bs As, 2012, pág. 499.
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Dirección de Editorial: Alejandra Breglia

Comité de Redacción: Andrea Amendola, Eliana Amor, María Eugenia Cora

Colaboradores: Andrea Breglia, Mariela Coletti, Silvina Díaz

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